En busca de la felicidad perdida. To Flow or not to Flow

Hace veintitrés siglos, Aristóteles llego a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres, más que cualquier otra cosa, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta (salud, belleza, dinero o poder) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices. Veamos algunas visiones de la felicidad:

felicidad

PLATÓN. Quimera inalcanzable para la mayoría
“La felicidad, esa sensación de plenitud, paz y serenidad que nos llena de alegría interior, y nos permite disfrutar de la vida, parece ser una quimera inalcanzable para la mayoría de la gente. Sólo es posible en el mundo inteligible”.

ARISTÓTELES. La felicidad completa viene de la razón

“La parte mejor del hombre es la razón o como quiera que llamemos a aquella parte de nosotros que por naturaleza parece ser la más excelente y principal, y poseer la intelección de las cosas bellas y divinas; pues la razón es o algo divino o, ciertamente, lo más divino que hay en nosotros. Por tanto, su actividad –según la capacidad que le es propia– será la felicidad completa”.

SÉNECA. Estar contento con el presente, sea el que sea.
“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices, pero al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, van a tientas, y no es fácil conseguir la felicidad en la vida, ya que se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque”.
”Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida. Y sin cordura nadie es feliz”.

 KANT. Cuando va todo según el deseo y la voluntad

“La felicidad es el estado de un ser racional en el mundo, al cual, en el conjunto de su existencia, le va todo según su deseo y voluntad. Pero es una desdicha que el concepto de la felicidad sea tan indeterminado que, aun cuando todo hombre desea alcanzarla, nunca puede decir por modo fijo y acorde consigo mismo lo que propiamente quiere y desea. Los elementos de la felicidad son empíricos”.

Mihaly Csikszentmihalyi nos dice en su libro Flow, “lo que descubrí es que la felicidad no es algo que sucede. No es resultado de la buena suerte o del azar. No es algo que pueda comprarse con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo los interpretamos. De hecho, la felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultiva y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”.

Vicktor Frankl en su libro El hombre en búsqueda de sentidoNo aspiren al éxito: cuanto más aspiren a él y más lo conviertan en su objetivo, con mayor probabilidad lo perderán. Puesto que el éxito, como la felicidad, no puede conseguirse, debe seguirse. . . como si fuese el efecto secundario no intencionado de la dedicación personal a algo mayor que uno mismo

Todos en estos tiempos tortuosos, de profundas crisis económicas, éticas y morales rogamos para que esa felicidad nos venga dada. Todos rogamos para que nuestra suerte mejore, para que cambien los acontecimientos externos. Pero la realidad es que el único camino es conseguir controlar nuestra conciencia. Solo dominando nuestra conciencia conseguiremos la felicidad

Solemos pedir paz y tranquilidad, necesitamos relajarnos ante un mundo tan estresado, pero paradójicamente nuestros momentos más felices ocurren en otros contextos. Realmente cuando nos esforzamos de una forma voluntaria para conseguir una meta importante y difícil, tal como nos animan desde el eneacoaching, es cuando tenemos experiencias óptimas. Es cuando tenemos una experiencia de Flow (Flujo).

Todas las culturas, las religiones, los estados nación se sustentan gracias a su capacidad de hacernos sentir seguros. Sentimos un miedo visceral al caos, y estos elementos creados por la civilización nos ofrecen unas normas, unas causas y unos efectos que nos hacen sentir que todo está en orden.

Pero como dice Mihaly Csikszentmihalyi, “Una confianza poco realista en los escudos, en los mitos culturales, puede llevar al desencanto extremo cuando caen” Vivimos una época convulsa en la que esos “escudos” están cayendo, están cambiando y sentimos un vértigo increíble puesto que ya nada es absolutamente seguro.

¿Qué hacer si esos patrones ya no nos ofrecen seguridad? ¿Qué hacer ante la ansiedad ontológica, la angustia existencial, la anomia?

Parecía y nos hicieron creer que la nueva deidad, la ciencia, y su mesías, la tecnología, traerían todas las soluciones a nuestros problemas. Pero sin embargo, cada vez son más las voces que nos explican que el orden y la felicidad han de venir de dentro. A pesar de ello,  la realidad es que el grueso de la población intenta llenar ese vacío mediante objetos materiales, la obsesión por la salud y la belleza, las relaciones superficiales con los otros, las drogas, etc.

El cambio requerido para vivir una vida plena en nuestras experiencias es posible, pero para conseguirlo debemos romper con lo aprendido, debemos desaprender.

Vivimos angustiados por el futuro o renegando del pasado y perdiéndonos el momento presente. El ahora es lo único que existe, podemos elegir morir sin haber vivido, o podemos elegir vivir instante a instante hasta que muramos habiendo tenido una vida plena de experiencias.

Huir de la esclavitud del pasado y de la falacia del futuro, es posible, pero requiere romper con muchas “verdades” que hemos interiorizado.

La civilización se construye sobre el control de nuestros instintos, de nuestras necesidades, de nuestras emociones. La organizaciones sean religiosas, políticas, comerciales han querido utilizarlos como forma de control social, han utilizado las recompensas o castigos como forma de socialización. Nos educan para ser trabajadores y responsables, y por otro lado, el consumismo nos incita a dar rienda a nuestros deseos e instintos.

La felicidad esta oculta entre esos dos continuos, presente-pasado y evitación-deseo. La postergamos a un futuro soñado, o la guardamos en un trozo de nuestra memoria, en aquél momento ideal, que realmente nunca existió tal como lo recordamos. La queremos encontrar evitando los castigos y buscándola en esos efímeros placeres que el consumismo nos ofrece. Lo cierto es que para encontrarla debemos dejar de buscarla fuera y encontrarla en aquello que está bajo nuestro control. El camino es posible para cualquiera que quiera recorrerlo. Esos sí, ese camino requiere de una disciplina que en todas las épocas ha sido complicada de autoimponerse y quizás en esta más que en ninguna.

Una persona puede hacerse feliz o miserable independientemente de lo que realmente este sucediendo fuera, tan solo cambiando los contenidos de su conciencia. Rasgo principal no solo para tener éxito sino para disfrutar de la vida” Csikszentmihalyi.

¿Pero qué es la conciencia? La definiremos en otro post.

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2 respuestas a En busca de la felicidad perdida. To Flow or not to Flow

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